Los sistemas, en general, están expuestos a que terceros no autorizados accedan y/o modifiquen sus datos. Por ejemplo, que cambien el precio de los productos o que lean los datos confidenciales de los usuarios (contraseñas, números de tarjetas, entre otros).
Para ello, las pruebas de seguridad se realizan empleando diversas técnicas similares a las que utilizaría un hacker, buscando determinar vulnerabilidades de los sistemas, con el fin de corregirlas antes que sean explotadas en forma maliciosa.
Las pruebas de seguridad tienen los siguientes enfoques:
Las pruebas se realizan utilizando la información entregada por el cliente: credenciales de acceso, códigos fuentes, archivos de configuración, entre otros.
Las pruebas se realizan desde el interior de la compañía, sin que el cliente entregue información; simulando lo que podría realizar alguien interno.
Las pruebas se realizan desde el exterior de la compañía, sin que el cliente entregue información; simulando lo que podría realizar alguien externo.
Al realizar pruebas de seguridad se consiguen, entre otros, los siguientes beneficios:
Mitigan los riesgos que permitirían a terceros acceder a datos y/o recursos de la compañía, con las respectivas consecuencias mediáticas y económicas.
Proveen soporte para cumplir normativas vigentes impuestas por entidades regulatorias.
Permite mitigar los riesgos asociados a liberar productos con defectos. Se mejora la confianza de los clientes en los productos y servicios de la compañía.
A través de la identificación temprana de defectos, permite mitigar riesgos que impactan los costos y plazos de los proyectos.
Entrega elementos a las lecciones aprendidas de la compañía, permitiendo la detección de la causa raíz de los problemas, mejorar el proceso de desarrollo y evitar repetir los defectos.
Las áreas de TI mejoran la identidad frente a sus clientes internos, al proveer software alineado a los requerimientos y plazos definidos.